
El coche más antiguo del mundo que aún se conserva es el “Fardier de Cugnot”, diseñado por el ingeniero francés Nicolas-Joseph Cugnot en 1769. Este vehículo, considerado el primer automóvil de la historia. La energía de vapor lo impulsó, marcando el inicio de la era automotriz.
El ejército francés diseñó el “Fardier” para uso militar, con la intención de transportar cañones pesados. La idea de Cugnot era crear una máquina que pudiera reemplazar a los caballos y hacer más eficiente el transporte de cargas pesadas. Su nombre, “fardier”, proviene de la palabra francesa que designa a los carros de carga. A pesar de sus avances, su gran peso y la dificultad para controlar su velocidad lo hacían complicado de manejar en terrenos irregulares. La velocidad máxima que alcanzaba era de unos 4 km/h, y era difícil de frenar debido a su tamaño y tecnología rudimentaria.
El vehículo tenía una estructura de tres ruedas (dos en la parte trasera y una grande en la parte delantera) y un motor a vapor que impulsaba esta última. El vapor se generaba por una caldera situada en la parte delantera. Lo que permitía que el coche avanzara, aunque solo podía hacerlo durante unos 15 minutos antes de necesitar recargar el agua.
A pesar de su diseño innovador, el “Fardier de Cugnot” no fue un éxito comercial ni práctico, pero su importancia radica en que fue el primer vehículo autopropulsado de la historia. Hoy en día, el modelo original de este coche se exhibe en el Museo de Artes y Oficios en París, y es un símbolo del comienzo de una revolución en la movilidad humana que culminaría en los modernos automóviles.
Fuente de la imagen: turbo.com.pe
